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7 Semanas. El Viaje

7 Semanas. El Viaje

Por Keyla Valerio

Me encanta viajar, soy una entusiasta de las aventuras. Andar por caminos desconocidos y llenarme de nuevas experiencias que me motiven a seguir probando con ojos, nariz, boca, tacto y mucha creatividad, lo que me ofrece cada destino.

Quise darme un regalo en tiempos de pandemia, previo a mi cumpleaños. Un viaje épico que comenzó el 30 de agosto. Iba mochila a cuestas y acompañada por mi cuñada que jamás dice no a mis locas peticiones.

El recorrido se mostró emocionante desde el día uno, porque un zapato cayó en mi jardín y en él venía, Corazón de Tefiti, un guapo teonano que resultó pariente de Teo, un querido amigo que gané en otro viaje. Durante las siguientes siete semanas, jamás estuve sola en mi mágica travesía.

Tefi, como le bauticé de cariño, me enseñó muchas cosas, entre las más importantes, me mostró que manejando mis emociones, y sobre todo creyendo en mi potencial creativo, podía impulsar mis ideas con cada una de las vivencias que me esperaban.

Lo que más me gustó del plan, era que no teníamos la más mínima idea de cuál sería el itinerario de cada semana. Era como una cita a ciegas con nuestra imaginación.

Tuvimos la oportunidad de ir a Portugal. En Lisboa conocimos a dos héroes increíbles, Long-A y B-Happy una pareja de abuelos enamorados que le hicieron frente a los malvados planes de C-Mind, un villano con cara de bebé.

Luego conocimos a un viejo sabio, que nos enseñó a mirar de una forma diferente lo que estaba ante nuestra mirada. Nos dio un consejo estupendo: Errar, aprender y repetir el proceso los llevará a apreciar y sacar provecho de cada instante del viaje. Así de grandes son las ideas!

Nos instalamos en un loft donde nos dedicamos a consumir videos, películas, y charlas TED, con mensajes que iban directo a nuestros corazones y que nos ayudaron a encontrar nuestro elemento.

Pronto comenzamos a hacernos preguntas, y esas preguntas, generaron otras que parecían no terminar. Entre un experimento y otro, tratamos de dar respuesta a todas ellas. Sin darnos cuenta hicimos un crucigrama colosal con muchas posibles soluciones a nuestras preguntas. Mi cabeza era como una gran olla donde explotaban granos de maíz acompañados de fuegos artificales de forma infinita. Reconozco que tuve que recuperarme del inminente recalentamiento mental con un buen descanso. Mientras tanto Tefi se dedicó a enseñarme algunas técnicas de relajación.

La semana siguiente fuimos unos “happy hippies happy” y decidimos bajarle dos a la curiosidad científica tan intensa de la semana que le precedió. Nos animamos a escuchar música divertida, y explorar el arte de garabatear. Dibujamos con los ojos cerrados y el corazón despierto, hicimos nuestro propio mapa, uno que nos guiaría al próximo destino. Nos rodeamos de colores en papel y en cada paisaje descubierto. Tomamos mucho café y compartimos miradas cómplices y llenas de gozo. Disfruté mucho esa semana en compañía de Tefi.

De pronto, en pleno viaje, fuimos contratados para algunos trabajos freelance. Nos contactaron para hacer varios logos para unos productos loquísimos. También, de una ONG, nos llamaron para pedirnos el prototipo de un juguete con propósito. Sin pensarlo aceptamos todas esas actividades que reconfortaron nuestro espíritu. Sentimos tanta pasión al realizar esos proyectos que nos inspiramos para escribir poesía.

Casi al final de nuestro viaje, nos dimos cuenta que habían 21 duplas creativas hospedadas en el mismo lugar. Una noche nos quedamos conversando acerca de nuestros sueños en una amena tertulia hasta el amanecer. Formamos un grupo entre los que estaban mi cuñada Wendy y Renata, una ranita muy curiosa. Danetzy y FlowerPi, Vanessa y Macarrón, Erika y Esencia, Mariely y Brichic, también nos acompañaron. Compartimos tantas ideas que nos hicieron brillar como estrellas. Recordamos que pudimos viajar al espacio. Se rieron de nuestras anécdotas recorriendo el sistema solar, yo, en una silla de oficina y Tefi en un zapato prestado.

Siento cierta nostalgia porque terminaron las siete semanas pero también una incontenible alegría porque me queda la ilusión de nuevos comienzos, me queda la fantástica conexión con nuevos amigos creativos y las ganas inagotables de seguir viajando.

Gracias a Bradi y a Ronny por la invitación.

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